Orizaba, Ver.— Lo que comenzó como una forma de canalizar el dolor, hoy se ha convertido en un acto de memoria, acompañamiento y resistencia. Madres de personas desaparecidas en la región de Orizaba-Córdoba han encontrado en el bordado una manera de mantener vivos a sus seres queridos a través de los llamados “milagritos buscadores”.
La iniciativa es impulsada por el colectivo de familiares de desaparecidos encabezado por Araceli Salcedo Jiménez, quien explicó que cada pieza representa mucho más que una labor artesanal: es una historia tejida con amor, ausencia y esperanza.
Cada “milagrito” incorpora la imagen de la persona desaparecida, acompañada de elementos decorativos como chaquira, lentejuelas y distintos materiales que evocan su esencia y los recuerdos compartidos.
“El bordado no solo entrelaza colores, también entrelaza historias”, se destacó durante la presentación de estas obras.
Más allá del resultado visual, el taller se ha convertido en un espacio seguro para las participantes, donde pueden compartir sus experiencias, escucharse mutuamente y fortalecer su bienestar emocional.
“Nos reconocemos en el dolor de la otra, nos acompañamos; el sufrimiento no se va, pero se hace más llevadero cuando se comparte”, expresó la representante del colectivo.
El proyecto ha comenzado a crecer, sumando a nuevas personas interesadas en plasmar la memoria de sus familiares. La convocatoria permanece abierta para cualquier persona con un ser querido desaparecido, sin necesidad de integrarse formalmente al colectivo.
Como parte del proceso simbólico, las piezas serán llevadas a una iglesia para ser “intencionadas”, en un acto que busca honrar la memoria de quienes continúan ausentes. Este momento está previsto antes del 10 de mayo, fecha particularmente significativa para las madres.
Además, algunos de los trabajos formarán parte de una exposición internacional en Guatemala, donde se exhibirá también la galería fotográfica “Una madre nunca olvida”, acompañada del trabajo documental del fotógrafo Daniel.
Finalmente, Araceli Salcedo Jiménez subrayó que estos bordados también son una forma de protesta y exigencia ante la crisis de desapariciones en México.
“Cada pieza es un recordatorio de que siguen faltando. Es nuestra manera de decir que no olvidamos y de exigir que regresen”, concluyó.
