Por: Lázaro Cruz García / 60 Minutos.Info
LAS CHOAPAS, VER. – Lo que inició como una columna de fuego y estruendo hace casi dos meses en el pozo exploratorio “Krem-1EXP”, se ha transformado hoy en una silenciosa y letal crisis biológica. En el ejido Constitución y las comunidades de Nacimiento de Arroyo Grande y Lázaro Cárdenas, la vida silvestre está sucumbiendo ante un entorno saturado de hidrocarburos.
El panorama, lejos de mostrar señales de recuperación tras las inspecciones de Petróleos Mexicanos (Pemex), se ha agravado. La iridiscencia aceitosa que cubre los arroyos locales y el aire viciado por gases pesados han convertido el ecosistema en una trampa mortal.
Crónica de un desastre anunciado
Los habitantes de la zona han pasado de la preocupación al pavor. El hallazgo de aves muertas en los alrededores de los cuerpos de agua es la prueba más tangible del daño colateral. Según los pobladores, las aves caen tras ingerir insectos contaminados o beber de los arroyos donde el crudo ha formado una película impenetrable.
«El pozo Krem-1 está contaminando tanto que hasta las aves se mueren y la gente se está enfermando cada día más», es el grito de auxilio de una ciudadanía que se siente abandonada por las autoridades ambientales y la paraestatal.
Salud Pública en el limbo
Más allá de la fauna, el impacto en el ser humano es ya una realidad innegable. Las denuncias por afecciones respiratorias, mareos y problemas cutáneos aumentan conforme pasan los días sin que exista un plan de remediación integral. Lo que para la industria es un «accidente bajo control», para las familias de Las Choapas es un genocidio ambiental que está terminando con su patrimonio natural y su salud.
Las imágenes de los ejemplares sin vida son el mudo testigo de un desastre que parece no tener fin, mientras el olor a hidrocarburo sigue marcando el ritmo de vida en una región que exige, de manera urgente, justicia y limpieza profunda de su territorio.

