{"remix_data":[],"remix_entry_point":"challenges","source_tags":["local"],"origin":"unknown","total_draw_time":0,"total_draw_actions":0,"layers_used":0,"brushes_used":0,"photos_added":0,"total_editor_actions":{},"tools_used":{},"is_sticker":false,"edited_since_last_sticker_save":false,"containsFTESticker":false}

Encuentran su cuerpo en avanzado estado de descomposición

Juan Manuel Jiménez García
Alerta MX
Las Choapas, Veracruz

El silencio de la calle 16 de Julio, en la colonia J. Mario Rosado, fue roto por un olor insoportable. Un hedor espeso, persistente, que se colaba entre puertas y ventanas y obligó a los vecinos a salir de sus casas. A unos metros de la Ciudad Judicial, la muerte ya había hecho su trabajo.

Las llamadas no tardaron en llegar. Minutos después, elementos de seguridad ingresaron a la vivienda señalada. Dentro, entre paredes húmedas y abandono, yacía el cuerpo de un hombre en avanzado estado de descomposición. Era Felipe. Así lo conocían todos. Así lo nombraron incluso antes de que la autoridad confirmara su identidad.

La zona fue acordonada. La Fiscalía General del Estado activó el protocolo para el levantamiento del cuerpo. Afuera, el murmullo era el mismo: nadie se sorprendía del todo, pero sí dolía.

Felipe tenía 49 años. Desde hace años había sido atrapado por el alcohol. Vecinos coinciden en que formaba parte del llamado escuadrón de la muerte, un grupo de hombres que, día tras día, se reunía para ingerir bebidas embriagantes hasta perderse en la noche. Ahí, entre botellas vacías y promesas rotas, Felipe fue apagándose lentamente.

Familiares y amigos lo intentaron. Una y otra vez. Consejos, súplicas, enojos, silencios. Nada fue suficiente para arrancarlo del vicio que terminó por consumirlo. El alcohol no lo mató de golpe; lo fue desgastando con paciencia, hasta dejarlo solo, encerrado, invisible.

Hoy, Felipe no murió solo. Murió como mueren muchos en Las Choapas: olvidados por un sistema que no alcanza, por una adicción que no se atiende y por un tejido social que sigue deshilándose.

Su muerte no es un hecho aislado. Es una más en la larga lista de víctimas del alcoholismo en el municipio, un problema que persiste, que se normaliza y que sigue cobrando vidas en silencio.

El cuerpo fue retirado. El olor se disipará con el paso de las horas. Pero la historia de Felipe quedará flotando en esa calle, como recordatorio de que el alcoholismo sigue siendo una tragedia cotidiana que aún espera respuesta.

Related Post

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *